¿En qué momento dejé de quererte?

¿En qué momento? ¿Cuándo pasó? Ya no te encontraba en mi mente al despejar las sábanas de mi cuerpo.C'est fini. Aunque parezca mentira, mi corazón se rompía en cachitos minúsculos tras el tuyo. Quién sabe por qué.

Y es que en realidad estoy agotado, vencido, como si mi cabeza no diera para más. Y me dio por pensar que ahora viene Semana Santa pero enseguida recordé que ya no soy universitario...

¿Acaso es el amor una batalla de la que nadie sale victorioso?

Me encanta Sheldor El Colonizador!!!

Me encanta esta serie tan friki y me encanta ese ser tan antisocial llamado Sheldon!!!



Big Bang Theory, segunda temporada, episodio 6.

¡Ayyyy! Los sueños.

Con la pereza que me dan los aeropuertos y las ganas que tengo de dejar Tenerife. La verdad es que nunca he sido un amante de Las Islas. Son preciosas, no me malinterpreten. Tienen todo lo que una persona normal querría en un lugar para vivir: playa, montaña, comodidades, etc...

Debe ser por eso de "persona normal", pero a mí me encantaría vivir un tiempo en Alaska, en Fairbanks. O en Canadá, en Ottawa, o en Escocia, incluso teniendo que aprender Gaélico. A lo mejor lo que me queda.

Soy bastante incrédulo con la gente que habla tanto de su amor por su lugar de origen, por su lugar de nacimiento. Hablando de él con añoranza, con ternura y como si de un recién nacido desprotegido se tratara. Supongo que me falta la basa de estar años alejado para echar de menos estas islas volcánicas.

Supongo que alguno de ustedes será un ferviente admirador de su tierra, así que espero no ofender a nadie jajaja.

Y sí, estoy perezoso y sin mucho que contar jajaja.


Recopilando.


09 de octubre de 2008

Diario de a bordo.

Hoy todo se siente más lejos. Te siento más lejos. Aquí, entre termodinámica, relés de vigilancia y compresores se hace más difícil olvidarte. Sí, no poseemos mucho tiempo libre y siempre tenemos algo pendiente de revisar, pero extrañarte me ocasiona añoranza, postración rememorativa.

Conozco que es el destino que elegí, aunque no pertenecieras a mi vida y jamás pensara en encontrar algo que me hiciera odiar el olor tan fresco del mar, que me hiciera añorar la polución y las colas de espera en las grandes urbes y que me alejara tanto de querer descubrir nuevos secretos de las jóvenes plataformas continentales.

La aventura ya no me seduce y el mar sólo me recuerda tus ojos…


Qué raro.

¿No habéis sentido nunca la necesidad de escribir sin saber muy bien el porqué?

Simplemente escribir, divagar, sentir que tus dedos se resbalan entre teclas. No sé, supongo que depende de la tristeza. Al fin y al cabo, la tristeza se puede enmascarar, olvidar e incluso expresar de maneras muy diferentes.

Y notas que los días van pasando, sin toda esa parafernalia que muchas veces creamos. Como si de un hueco se tratara. Caminando a lo ancho de pasillo, del cual nunca conocemos los límites. Y en el transcurso mucha mierda tirada en el suelo y alguna en el contenedor, pero poca, muy poca.

Y uno simplemente se agita, se agota de rabia. Tanta impotencia que lo único que te sale es llorar, desahogarte. Y es que hay momentos en los que nada importa, y el lugar donde te encuentras es el menos indicado.

Sí, lo sé. No todo es malo. Siempre hay un arcoiris, una lluvia fina o una sonrisa de un niño.

¿Alguien se ha parado a pensar que, tal vez, lo que realmente necesitas es que llore contigo?

Gritando susurros.

Él caminaba bajo el bochorno de una intensa noche de verano, entre jolgorio y olvido. Entre bebida y hachís. Entre tarde y temprano, entre noche y día. Entre ayer y hoy.

Vagaba por esas calles que confunden la vista, con farolas apagadas, con sombras alargadas. Barba de semanas instalada en su rostro, salvaje. Entre exhortaciones recordadas, suspiros exhalados.

Entre ambos mundos, como si de dos señuelos atrajeran una misma mirada. Deslizando sus emociones entre pasadizos y laberintos ennegrecidos, caminando por una ligera línea que separaba el bien y el mal.

Y fui una marioneta.

Me llevabas, me traías, jugabas conmigo. Creaste unos hilos diminutos que ligaban mi corazón a ti. Movías tus dedos, entrelazados en esos pequeños conductores de sentimientos que hacían que volviera a la vida.

Si el movimiento era violento, salvaje, doliente, mi cuerpo lo sufría y las lágrimas brotaban mis ojos con el caudal suficiente para desbordar cualquier río en verano.

Si deslizabas tus dedos, movimientos sinuosos, mi sonrisa liberaba endorfinas que apaciguaba el dolor de mi corazón, atado a tus caprichos.

Un día te cansaste de despertarme con tu amable "velléité"* y permitiste que, poco a poco, la vida de ese estúpido muñeco que habías atrapado aquel verano se apagara, se disipara, cayera en manos de tu olvido. Sin darte cuenta, aquellos hilos se separaron de mi corazón hasta que él, agotado, sucumbió a las garras del ocaso.

*: veleidad.

Una de esas películas que me hizo llorar.

Uno nunca sabe cómo debe empezar a comentar lo que le gusta, a hablar de sí mismo sin sentirse egocéntrico o, al menos, petulante.

Me encanta el cine, y me gusta pensar que en el tono de mis palabras se nota. Que genero un bucle de emociones cada que la palabra sueño o cine salen de mi mente en dirección a mis dedos, a través de esos pequeños impulsos.

Hiriente o doliente, disgustado o fascinado, confuso o clarividente, mas siempre respetuoso.

Hoy toca admiración, comprensión y conmovido. Así me ha dejado Let the right one in, una película sueca, a priori una historia de vampiros, de terror, convertido en un drama de marginados, de supervivencia y auxilio, por el que escribe.

Por un día me olvidé de la fotografía, la escena y los encuadres y me dejé llevar por las emociones de dos niños que no tuvieron inocencia, unidos por la necesidad de sentirse apoyados, de sentirse queridos.

¿Quién no se ha sentido así?

Veo innecesario alargar el post, tanto como dejar de recomendarla. Quizás la haya visto el mal momento...

No hay que tener miedo a la naturaleza de lo que se ama.