Y fui una marioneta.

Me llevabas, me traías, jugabas conmigo. Creaste unos hilos diminutos que ligaban mi corazón a ti. Movías tus dedos, entrelazados en esos pequeños conductores de sentimientos que hacían que volviera a la vida.

Si el movimiento era violento, salvaje, doliente, mi cuerpo lo sufría y las lágrimas brotaban mis ojos con el caudal suficiente para desbordar cualquier río en verano.

Si deslizabas tus dedos, movimientos sinuosos, mi sonrisa liberaba endorfinas que apaciguaba el dolor de mi corazón, atado a tus caprichos.

Un día te cansaste de despertarme con tu amable "velléité"* y permitiste que, poco a poco, la vida de ese estúpido muñeco que habías atrapado aquel verano se apagara, se disipara, cayera en manos de tu olvido. Sin darte cuenta, aquellos hilos se separaron de mi corazón hasta que él, agotado, sucumbió a las garras del ocaso.

*: veleidad.

5 frigorías:

Anónimo dijo...

Y yo que me alegro...
Precioso lo que has escrito

;)

elinquilinodelbajo dijo...

¿Te alegras de que alguien me someta?

:O:O

Anónimo dijo...

No, eso nunca.
Me alegro por otra cosa.

;)

Rebeca dijo...

El que no se haya sentido nunca atado de pies y manos es que no ha vivido suficiente...

espejosdeluz dijo...

muy bueno , muy cebntido y bastante bizarro es la palabra correcta ????
por lo que lei tan mal no te fue .... segui disfrutando
besos mei