Correrías.

Soñaba un mundo sin acentos, sin modulación de voz, sin esos exasperantes gritos.

Soñaba un libro sin tildes, un sustantivo sin adjetivos ni adverbios, con enunciados sin verbos.

Soñaba con un cielo sin nubes, sin arcoiris ni destellos.

Soñaba con un mar sin marea, sin influencia de la Luna. Especies desaparecidas entre el susurro del tiempo.

Soñaba con niños sin sonrisas, con un parque vacío y una noria estancada.

Soñaba con una selva convertida en desierto, sin árboles ni arbustos donde brotaba la sal.

Soñaba con un pintor sin lienzo, con un músico sin notas, con un cantante sin voz, con un actor sin gestos...

Desperté y recordé todos estos meses sin ti.

Me encanta este anuncio!!!!

The Grimace.

Salí de aquel despacho deseando marcharme a casa, así que decidí llamar a mi compañera y pedirle el resto de la mañana libre.

Le pedí que, de descubrir algun indicio o la identidad de los asesinados, me localizara y mis pies salieron de aquella maltrecha fábrica de residuos.

Al salir de los aparcamientos, decidí visitar un centro comercial. Ya saben, ver gente, mirar mujeres atractivas, etc... así que me senté en una de las mesas de la cafetería que tenía el mayor local.

Ver cómo compra o pasea la gente dice mucho del mundo. Ya ni las parejas sonríen, nadie conoce a nadie, y la gente está malhumorado.

- Un café y un sandwich vegetal- le dije al camarero.

No suelo tomar café pero aquella mañana me apetecía, algo así como un antojo de embarazada.
Cuando el camarero extendió sobre mi mesa el plato con lo acordado, no pude obviar el olor a frito de su ropa, repulsivo aroma para un día de trabajo. Llegado este punto, mi trabajo encarcelando asesinos no me parecía tan mal.

Aunque, miradme, escribiendo algo así como unas memorias. Las memorias del viejo policía loco, podrían llamarse.
Durante muchos años he trabajado para distintos casos: he disparado, me han disparado, he conocido a yonquis y a mafiosos. Siempre me dijeron que lo importante en las calles era ganarse el respeto pero nadie me habló de la admiración.
Sí, porque como se darán cuenta a lo largo de estas páginas, una precisa bala en una pierna infunde mucho más miedo que un disparo a bocajarro en la cabeza...


(Continuará... o eso espero).

Adios a un genio.

Recomendando.

Dos entradas en dos días. ¡Guau! Hasta yo estoy sorprendido, pero las palabras de mi comentarista estrella sobre el vacío que se siente cuando añoras una serie me hizo pensar: ¿Por qué no recomendar otra serie? Total, para eso estamos.

Siento no haber encontrado un vídeo en español, pero creo que más o menos se pueden hacer una idea. Espero que les guste.

Allo Allo


Narcorrido.

Breaking Bad 2x07.



Un pequeño receso.

Jamás tal desasosiego
tuve. Paréceme que es
esta noche hora menguada
para mí... y no sé qué vago
presentimiento, qué estrago
teme mi alma acongojada.
¡Por Dios que nunca pensé
que a doña Ana amara así,
ni por ninguna sentí
lo que por ella...! ¡Oh! Y a fe
que de don Juan me amedrenta
no el valor, mas la ventura.
Parece que le asegura
Satanás en cuanto intenta.
No, no: es un hombre infernal,
y téngome para mí
que si me aparto de aquí
me burla, pese a Pascual.
Y aunque me tenga por necio,
quiero entrar: que con don Juan
las precauciones no están
para vistas con desprecio.

José Zorrilla.

Y yo sin nadie a quien dedicarlo.

The Grimace.

- Grasso, ¿te importaría llevar a estos cadetes de nuevo a la academia?. Joder, ven Loca academia de policía y ya se creen unos putos conscriptos.
Me voy a la comisaría, encárgate por mí de esperar a los forenses.

Grasso me despidió con un frío saludo militar, con cierta desgana. Quizás se la provocaba yo.

Este trabajo no es demasiado romántico ni tan sacrificado como creen, prueba evidente es que no paré en pensar en aquellas muertes en todo el camino hasta la comisaría.

Al llegar, aparco justo en la entrada, prefiero hacerlo así porque, aunque parezca mentira, una comisaría nunca es un lugar seguro y mejor tener cerca un vehículo que sirva para salvar tu culo.

Papeleos, denuncias, delicuentes de poca monta, eso encuentro nada más entrar en aquellas dependencias. No me siento nada cómodo en este lugar, se me hace demasiado extraño para trabajar ahí.
Yo siempre había soñado con ser un policía de los que salían en las series americanas. Ya sabéis: chicas guapas, buenos coches, persecuciones y poco papeleo.
La realidad es bastante distinta. Te pasas años dirigiendo el tráfico o atendiendo a vecinos que se insultan por una humedad, hasta que por fin te ascienden y pasas de detener a algún yonqui a jugarte la vida con gente sin escrúpulos, de gatillo fácil y de mirada pertubante.
No es que lo odie, pero pocos derechos para tantos deberes.

Durante muchos años trabajé en operaciones con los Barbouze, los EAT o ESMAD. Nunca nos llevamos demasiados honores, siempre hay sorpresas cuando se trabaja con mucha gente.

Al llegar a la puerta del comisario, noté que no habían buenas noticias, sobre todo porque Villegas no era un tipo muy amable. Toqué levemente la puerta.

- Adelante - se escuchó desde el otro lado de la puerta.

- Ya he llegado comisario.

- Eso puedo verlo con mis ojos, ¿qué tal el trabajo de campo?

- Bueno - comenté - no podemos decir que hayan muchas pistas. Sin embargo, creo que no tardarán en identificar a las víctimas. A mí mismo me resultaban familiares, supongo que estarán fichados.

- Bien, continúa investigando cuando llegue su compañera. Hablen con los forenses, laboratorio, vuelvan a examinar los cadáveres... pongan ingenio. Hablaremos en otro momento de su implicación laboral.

- Sí comisario. Y salí de aquel habitáculo deseando que me "fichara" la FSB rusa o que me hicieran una oferta halagadora del Mercadona adyacente a mi casa.

Cuidar de la gente es muy ingrato y yo cada vez soy más codicioso...

(Continuará... o eso espero).