The Grimace.

- Grasso, ¿te importaría llevar a estos cadetes de nuevo a la academia?. Joder, ven Loca academia de policía y ya se creen unos putos conscriptos.
Me voy a la comisaría, encárgate por mí de esperar a los forenses.

Grasso me despidió con un frío saludo militar, con cierta desgana. Quizás se la provocaba yo.

Este trabajo no es demasiado romántico ni tan sacrificado como creen, prueba evidente es que no paré en pensar en aquellas muertes en todo el camino hasta la comisaría.

Al llegar, aparco justo en la entrada, prefiero hacerlo así porque, aunque parezca mentira, una comisaría nunca es un lugar seguro y mejor tener cerca un vehículo que sirva para salvar tu culo.

Papeleos, denuncias, delicuentes de poca monta, eso encuentro nada más entrar en aquellas dependencias. No me siento nada cómodo en este lugar, se me hace demasiado extraño para trabajar ahí.
Yo siempre había soñado con ser un policía de los que salían en las series americanas. Ya sabéis: chicas guapas, buenos coches, persecuciones y poco papeleo.
La realidad es bastante distinta. Te pasas años dirigiendo el tráfico o atendiendo a vecinos que se insultan por una humedad, hasta que por fin te ascienden y pasas de detener a algún yonqui a jugarte la vida con gente sin escrúpulos, de gatillo fácil y de mirada pertubante.
No es que lo odie, pero pocos derechos para tantos deberes.

Durante muchos años trabajé en operaciones con los Barbouze, los EAT o ESMAD. Nunca nos llevamos demasiados honores, siempre hay sorpresas cuando se trabaja con mucha gente.

Al llegar a la puerta del comisario, noté que no habían buenas noticias, sobre todo porque Villegas no era un tipo muy amable. Toqué levemente la puerta.

- Adelante - se escuchó desde el otro lado de la puerta.

- Ya he llegado comisario.

- Eso puedo verlo con mis ojos, ¿qué tal el trabajo de campo?

- Bueno - comenté - no podemos decir que hayan muchas pistas. Sin embargo, creo que no tardarán en identificar a las víctimas. A mí mismo me resultaban familiares, supongo que estarán fichados.

- Bien, continúa investigando cuando llegue su compañera. Hablen con los forenses, laboratorio, vuelvan a examinar los cadáveres... pongan ingenio. Hablaremos en otro momento de su implicación laboral.

- Sí comisario. Y salí de aquel habitáculo deseando que me "fichara" la FSB rusa o que me hicieran una oferta halagadora del Mercadona adyacente a mi casa.

Cuidar de la gente es muy ingrato y yo cada vez soy más codicioso...

(Continuará... o eso espero).

10 frigorías:

Anónimo dijo...

Pues me cae bien el tal Grasso, para invitarlo a cenar. Sobre todo lo de que la comisaría 'nunca es un lugar seguro'.

Esto engancha más que las patatas de bolsa y los surfistas en invierno, así que...

PD: Dicen que las chicas guapas no existen ni en las series.

Un saludo de una fiel admiradora, bueno no sé si tanto, pero ¿queda bien no? jejeje

A.

Anónimo dijo...

¿Estás comparando esta creación a los Vigilantes de la playa?

Anónimo dijo...

¿Yo? eso nunca...

Rebeca dijo...

Esperemos pues...

Rebeca dijo...

Por cierto, cuanto anonimato! ¿no?

el inquilino del bajo dijo...

Anónima, me suena que sí.

Rebeca, acepto críticas negativas... pero no muchas.

Anónimo dijo...

Lo que tú digas ;)
Me retiro...

Rebeca dijo...

Lo mío no es una crítica negativa, de hecho no es ningún tipo de crítica. Me refería a que espero saber más de tu historia, que siempre nos dejas a medias inquilino!

Ya sabes que yo siempre miro tu blog con buenos ojos. =D

el inquilino del bajo dijo...

Anónima, no estás en edad de jubilarte.

Rebeca, por eso lo decía, porque no era una crítica jajaja.

Y sobre lo de "dejar a medias" no digo naa.

Anónimo dijo...

Estoy en la prejubilación bloggera