Lo que debió ser pero no fue.


Cuando leí la sinopsis de la serie de Antena 3 "Doctor Mateo" me vino enseguida a la mente la película La gran seducción, supongo que me quise imaginar una serie con una propuesta inicial parecida que anidaba en mi mente múltiples ideas. Al final, Doctor Mateo no tuvo mucho más que ver con esta película que la historia de un doctor en un pueblo pequeño.

La Gran seducción no va sobre féminas elegantes y atrayentes, ni es un bodrio erótico, es un drama con mucho humor. Es una de esas películas que jamás programaría Cuatro ni Telecinco en prime time pero sí daría La 2 en versión original.

Trata la historia de un pueblo de raíces pesqueras, las cuales dejan de ser rentables para que su pequeña población pueda sobrevivir. A cambio, reciben un exiguo subsidio, una bofetada ante el recuerdo de lo que un día fue un pueblo digno. La redención a tamaña ofensa les llega en forma de oferta y para poder conseguir un trabajo que les salve de vivir de la caridad impositiva, deben contratar por algunos años a un médico. A partir de aquí las peripecias y dislates para conseguir tamaña hazaña se convierten en el esquema de la película.

No deja de ser una película de pequeño presupuesto, de un director canadiense cuya carrera en el cine se inició gracias a esta simpática comedia.
Llena de tópicos, de elementos nada espectaculares, de guión simple( si tal adjetivo cupiera en tal trabajo), de música inadvertida, así podemos calificarla.


Pero de igual manera podemos destacar su mensaje hacia la fortaleza de la unión, de la dignidad y del esfuerzo para conseguir los objetivos, contando para todo ello con unas localizaciones efectivas, unas actuaciones correctas y, en algún caso, magníficas para consumar una película agradable, de fácil digestión y con un trasfondo tan austero como honrado, tan honorable como firme.

Y para concluir, la mujer orienta todo lo que el hombre necesita.

Porque acaso, ¿no es la mujer el principio y el fin?

Dios es un hijo de puta y algún día le mataré.


Así de contundente empieza MR 73, la última película de Olivier Marchal. Comienza con un plano realmente elocuente, con una luz extrema ejemplificante de los que nos depara.

Por lo que he leído no ha sido una película bien tratada por la crítica en este país, lo que no significa que no os pueda gustar. Es más, mucho de los críticos alcanzan niveles que no llegamos a entender y cuyo desconocimiento, mucho mejor que ignorancia, nos impide ser más críticos y didácticos con nuestra opinión. No deja de ser muy importante la ignorancia ante la obra de cualquier artista, la subjetividad le da una impronta sana a cualquier forma de expresión artística.

A mí me pasa esto último con MR 73 y con otras tantas películas, no sé si por ignorancia o por autoengaño, pero si un personaje me cautiva suelo olvidarme de los detalles técnicos, de las trampas argumentales, errores de racord, dirección, etc...

Y es que Schneider me enloquece, en su mayor parte por el talento innegable e impagable de Daniel Auteuil y en parte por el aroma trágico que desprende su botella de JD.

Secundado por algunos silencios, muchos excesos, la imponente Olivia Bonamy, nos encontramos ante una película, para mí, sin héroes, donde todos existen bajo gesto triste, amargado e insensible. La película transcurre en una ciudad sombría, inmunda, donde los policías actúan como un niño que esconde la suciedad que barre bajo su propia cama.

No engrandezco esta película, ni la recomiendo, ni sugiero que intenten verla, sólo digo que encuentro en ella un lugar donde se refleja el infierno.