El porqué de la croqueta fría.

Sí, no hay nada peor que una croqueta fría. Porque esas croquetas no suelen saber a nada bueno, ni siquiera a besos desangelados.

Nadie las quiere y suelen quedarse en el plato, en aquella mesa. Mesas elegantes, distinguidas, deslumbrantes o mesas ruinosas, quizás cojas o quebradizas, pero al fin y al cabo mesas.

Suponemos que con sus cubiertos y sus manteles, aunque doy fe, aún sin ser notario, de haber observado a mujeres, hombres y niños engullir croquetas utilizando como medio los dedos, que casi muerden.

Y en intensos lugares, en grandes restaurantes llenos de estrellas michelin o en casas ordinarias, mitigando el hambre de sus honrosos huéspedes.

En fin, porque las croquetas pueden estar buenas o malas, complejas o simples, grandes o pequeñas... pero la enorme diferencia que tienen entre ellas es si están calientes o frías.

Y es que una croqueta fría es la consecuencia de unos cálidos besos estivales.